Por Sara Rosales
- Senadora PJ
El
domingo hicieron 10 años de la desaparición física de un personaje
imprescindible. Me estoy refiriendo a la figura del poeta nacido
en la Medialuna, del departamento de Guaymallén, Armando Tejada
Gómez.
Él fue un niño de la calle y, como tal, ejerció todos los oficios
duros que ejercen los chicos desamparados: lustrabotas, canillita
y cuanta changuita se le presentara para ayudar a la economía
de su humilde madre.
Pero no fue un niño triste, y recordaba con una nostalgia que
lo emocionaba sus aventuras y travesuras con otros niños y jóvenes.
Tampoco nunca renegó o se avergonzó de sus orígenes. Le gustaba
recordar esas épocas y remarcaba lo importante que fue en su
vida la Biblioteca del Club Pedro Molina, que tenía sus puertas
abiertas aún para los niños de la calle, donde desordenadamente,
pero con tremenda avidez, comenzó a convertirse en un lector
insaciable.
Pero la dureza de la época que le toca vivir no endurece sus
sentimientos y habla siempre de compartir, solidaridad, amistad
y amor.
Esto lo confirma en su poema "Hay un niño en la calle", donde
luego de describir crudamente la vida de los pequeños que, vaya
a saber por qué cosa del destino y de los hombre les toca crecer
de esa manera, él se pregunta:
Dónde andarán los niños que venían conmigo. / Ganándose la vida
por los cuatro costados, / necesito saber cuáles sonríen, /
mi canción necesita saber si se han salvado, / porque si no
es inútil mi juventud de música / y ha de dolerme mucho la primavera
este año.
Importa dos maneras de concebir el mundo. / Una, salvarse solo,
/ arrojar ciegamente a los demás de la balsa. / Y la otra, /
un destino de salvarse con todos, / comprometer la vida hasta
el último náufrago. / No dormir esta noche si hay un niño en
la calle.
Su poesía, como su vida, tienen un fuerte compromiso social
y esta actitud militante lo acompaña hasta su muerte.
Esto lo paga con persecución, cárcel y exilio en los años negros
del país.
Sin embargo, su dura expresión también denota esperanzas y esa
postura suya recorre el mundo en cientos de versiones distintas
de "Canción con todos" y recalca su sueño de la unión de todos
los países latinoamericanos y nos obliga a cantar "todas las
voces, todas, todas las manos todas".
Fue fundador del nuevo cancionero junto a Oscar Matus, Mercedes
Sosa y Tito Francia, entre otros. Esta actitud viene a enriquecer
y transformar la música de América Latina.
Son muchos sus poemas, muchas sus canciones y el mundo lo reconoce.
Mientras tanto a él le sigue doliendo la Patria y dice en un
magnífico "Manifiesto del horizonte", del que por su vigencia
hay que recordar unas estrofas:
Patria, amor mío, es hora, se han cumplido los siglos. / Estoy
fundiendo todas las manos de tus hijos. / Aguarda que ahora
tengo el corazón al viento. / Y en el viento un aroma popular
encendido. / Espéranos, iremos por los barrios hermosos / donde
el día transcurre custodiado de niños. / Diciéndonos que es
grave pero bello tenerte / limpia de capataces metálicos y cínicos.
/ Hay que marchar con todos para soltar la aurora / de adentro
de tu pueblo como un inmenso río / por donde irá la vida liberada
cantando: / Ya vuelvo, amor, América, espérame en el trigo.
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