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| Un militante
de la palabra |
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“Tenía una voz clara, rotunda como su verbo. No
sé porqué, pero escucharlo me sugería el canto de las acequias
de su Mendoza natal”. Justas y suficientes palabras, las de
Eladia Blázquez, para describir al poeta, Armando Tejada
Gómez, nacido el 21 abril de 1929 en aquella provincia cuyana
y fallecido en Buenos Aires hace hoy una década.
A
Armando Tejada Gómez se lo recuerda por su compromiso con los
ideales y las necesidades del pueblo argentino. Una bandera
que aprendió a enarbolar por sufrir desde pequeño los males
comunes a los de esta tierra: la pobreza, el desamparo y la
necesidad urgente de recuperar ilusiones. El penúltimo de 23
hermanos, Tejada Gómez quedó huérfano de padre a los 4 años y
debió ganarse la vida lustrando zapatos, como canillita y
obrero de la construcción.
A los 21 años debutó como
locutor profesional en LV10 Radio Cuyo, emisora donde conoció
a quien sería un gran compañero de vida, Oscar Matus. Para esa
época se inauguraba la gran producción literaria de Tejada
Gómez, con un libro titulado Pachamama, premiado por la
Municipalidad de su ciudad natal, al que le seguiría una
profusión de obras poéticas y novelescas. Tonadas de la piel,
Ahí va Lucas Romero, Tonadas para usar, Profeta en su tierra y
varias más, hasta llegar a la póstuma Telares del sol,
integran esta producción, que se expande también hacia el
terreno de la canción con álbumes como Poeta de la legua,
Sonopoemas del horizonte, Testimonial del nuevo cancionero,
Los oficios de Pedro Changa, Tonada larga para el país del sol
y Canción con todos, de donde se desprenden canciones como La
de los humildes, Zamba del riego, Tropero padre o Los hombres
del río, entre tantas otras.
Como muchos de los títulos
lo prefiguran, la intervención de Tejada Gómez en el ámbito de
la cultura apuntó a la exploración y confirmación de la
identidad nacional. Ello explica su protagonismo (junto a
Oscar Matus, Mercedes Sosa, Tito Francia y otros) en la
conformación del movimiento denominado Nuevo Cancionero, para
cuyo Manifiesto fundacional de 1963 imprimió ideas como esta:
“El auge de la música folklórica es un signo de la madurez que
el pueblo argentino ha logrado en el conocimiento del país
real”.
Corazón político
Pero Tejada Gómez
también fue un militante activo de la causa política. En 1958
fue electo diputado provincial por la Ucri. En 1959 se separó
de esta para constituir un bloque independiente, y, luego de
un viaje inspirador por Rusia, Checoslovaquia y Francia se
afilia al Partido Comunista, dando comienzo así a una larga y
tenaz relación con los problemas sociales de los países de
América Latina.
Esta manera de pensar le costó la
proscripción, la persecución y el exilio en España, adonde
partió en 1976, tras el golpe militar, y de donde regresó poco
después, aduciendo no tolerar la nostalgia y dispuesto a
sobrellevar aquí los rigores de una prohibición que le cerraba
prácticamente todas las vías de expresión
pública.
Todos los trovadores del país lo admiran: “Mi
amistad con Armando se apretó con el tiempo y la lucha, la
hermosa lucha que desde la poesía y la música acompañábamos
los cantores populares”, dijo Víctor Heredia.
A Enrique
Llopis le emociona “su entrega a la hora de hacer música y
canción, para estar siempre pronto a sacar de su inmenso
corazón esas gotas de luz, porque como decía siempre estaba a
mano la oportunidad hecha guitarra”.
A Alberto Cortez
lo deslumbró su manera de pensar al argentino: “Me llamo Juan
y no tengo más que mi sombra en el mundo, pero como yo soy
Juan, creo en la sombra que tengo”.
Armando Tejada
Gómez, le puso letra al canto nacional.
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