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 A diez años de la muerte de
Armando Tejada Gómez, Argentina toda rememora la figura del
poeta de las luchas populares que tuvo la visión de una
Latinoamérica unida y hermanada.
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Armando Tejada Gómez nació en Mendoza, provincia argentina
recostada sobre la cordillera de los Andes, tierra que
permanentemente canta en vino y en aire de tonada agradeciendo al
sol de cada día. Precisamente en 1929, el 21 de abril, época de
mucha crisis, de mucha pobreza y de muchas necesidades. Y así fue la
infancia de este insigne poeta, cuya luz no se ha apagado y nos
seguirá iluminando por mucho tiempo: pobre, carenciada, con
necesidades básicas no cubiertas ni saciadas, tal vez como para que
aprendiera, desde pequeño, la lección de la sensibilidad y se
asumiera tempranamente como vocero del alma. Armando sabía contar
que su abuela india le había relatado que cuando ella era niña todo
su pueblo andaba desnudo. Y él, intrigado y asombrado como todos los
chicos, se proyectó a sí mismo en la época invernal cordillerana y
le preguntó ansiosamente: “Y cómo hacían para cubrirse del frío,
abuela?”. La anciana, con la sabiduría infinita que sólo pueden
tener los que han agradecido siempre a la Madre Tierra, le contestó
con claridad meridiana: “En invierno, todo el cuerpo es
cara”. Tal vez este tipo de sucesos vividos tempranamente fueron
alimentando su vena poética. Las carencias, las dificultades
económicas, las quejas familiares, las tristezas de los más
cercanos, lo fueron proyectando hacia su pueblo. Entonces, ya en la
adolescencia, se produjo la fusión de su sensibilidad con la idea de
los grandes líricos: comenzó a nutrirse de Guillén, de Neruda, de
César Vallejo. Y el poeta comenzó a crecer. Tuvo que esperar
hasta 1955 para ver publicado su primer libro: “Poemas de la tierra
y el origen”, obra en la que plasma entre las rimas su sentir
latinoamericanista, con versos impregnados de intenso y profundo
contenido social. Más allá de la belleza de sus versos, de la
claridad de su mensaje y de la palabra estética y justa, Tejada
Gómez apuntaba en su poesía hacia un norte intensamente anhelado: la
igualdad, la fraternidad, la fusión con la tierra y el retorno a los
lazos esenciales entre los hombres apoyados en el Amor con la
conciencia de pertenencia y de unión entre los pares. Armando
Tejada Gómez, poeta, está asociado a la canción popular argentina.
Fue el fundador del Movimiento Nuevo Cancionero en 1963, junto con
Mercedes Sosa, Tito Francia, Eduardo Aragón y Manuel Matus, no sin
las luchas contra los rígidos de siempre, aquéllos que no aceptan el
crecimiento de las expresiones populares y condenan a las nuevas
corrientes por sentir miedo al desplazamiento o simplemente por
perpetuarse personalmente. No obstante, cuando la idea clara y
precisa sustenta a la acción, ningún movimiento fracasa. Y esto fue
lo que sucedió con esta agrupación: dio origen a una corriente de
renovación poética y musical desde los mismos feudos del folklore
más tradicional y más recalcitrante, hecho que también sucedía
contemporanéamente en Chile, en Cuba, en Uruguay y en Brasil. En
1972, el poeta presenta su “Informe cantado del nuevo cancionero”,
en un espectáculo que quedó registrado para la historia de la
cultura popular argentina y que tuvo lugar en nuestro primer
coliseo, el Teatro Colón. A partir de ahí se suceden jalones
importantísimos en la trayectoria de Tejada Gómez, hasta que llega
el momento cruel de la dictadura militar y tuvo que exiliarse en
España. No obstante, decidió volver por eso tan argentino de “la
nostalgia y la querencia”, resistiendo con su verso y con su pluma,
incansables y devastadoras armas que puede esgrimir todo poeta
cuando su compromiso está con el pueblo y con la identidad cultural
de su tierra. Falleció el 4 de noviembre de 1992. Su partida dejó
un enorme vacío en la necesidad de su palabra y su
expresión. Reproducimos a continuación, a manera de homenaje, uno
de sus máximos poemas:
HAY UN NIÑO EN LA CALLE
A esta
hora, exactamente, hay un niño en la calle.
Le digo amor,
me digo, recuerdo que yo andaba con las primeras luces de mi
sangre, vendiendo un oscura vergüenza, la historia, el
tiempo, diarios, porque es cuando recuerdo también las
presidencias, urgentes abogados, conservadores, asco, cuando
subo a la vida juntando la inocencia, mi niñez triturada por
escasos centavos, por la cantidad mínima de pagar la
estadía como un vagón de carga y saber que a esta hora mi
madre está esperando, quiero decir, la madre del niño
innumerable que sale y nos pregunta con su rostro de
madre: qué han hecho de la vida, dónde pondré la
sangre, qué haré con mi semilla si hay un niño en la
calle.
Es honra de los hombres proteger lo que
crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las
calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble
aventura de pan y chocolate, transitar sus países de bandidos y
tesoros poniéndole una estrella en el sitio del hambre, de
otro modo es inútil ensayar en la tierra la alegría y el
canto, de otro modo es absurdo porque de nada vale si hay un
niño en la calle.
Dónde andarán los niños que venían
conmigo ganándose la vida por los cuatro costados, porque en
este camino de lo hostil ferozmente
cayó el Toto de frente
con su poquita sangre, con sus ropas de fe, su dolor a
pedazos y ahora necesito saber cuáles sonríen mi canción
necesita saber si se han salvado, porque sino es inútil mi
juventud de música y ha de dolerme mucho la primavera este
año.
Importan dos maneras de concebir el mundo, Una,
salvarse solo, arrojar ciegamente los demás de la balsa y la
otra, un destino de salvarse con todos, comprometer la vida
hasta el último náufrago, no dormir esta noche si hay un niño en
la calle.
Exactamente ahora, si llueve en las ciudades, si
desciende la niebla como un sapo del aire y el viento no es
ninguna canción en las ventanas, no debe andar el mundo con el
amor descalzo enarbolando un diario como un ala en la
mano, trepándose a los trenes, canjeándonos la
risa, golpeándonos el pecho con un ala cansada, no debe andar
la vida, recién nacida, a precio, la niñez, arriesgada a una
estrecha ganancia, porque entonces las manos son dos fardos
inútiles y el corazón, apenas una mala palabra.
Cuando uno
anda en los pueblos del país o va en trenes por su geografía de
silencio, la patria sale a mirar al hombre con los niños
desnudos y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre que
historia les concierne, qué lugar en el mapa, porque uno Norte
adentro y Sur adentro encuentra
la espalda escandalosa de las
grandes ciudades nutriéndose de trigo, vides,
cañaverales donde el azúcar sube como un junco en el aire, uno
encuentra la gente, los jornales escasos, una sorda tarea de
madres con horarios y padres silenciosos molidos en la
fábricas, hay días que uno andando de madrugada encuentra la
intemperie dormida con un niño en los brazos.
Y uno recuerda
nombres, anécdotas, señores que en París han bebido por la
antigua belleza de Dios, sobre la balsa en donde han sorprendido
la soledad de frente y la índole triste del hombre
solitario, en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian de
amantes esta noche, de médico esta tarde, porque el tedio que
llevan ya no cabe en el mundo y ellos son los accionistas de los
niños descalzos.
Ellos han olvidado que hay un niño en la
calle, que hay millones de niños que viven en la calle y
multitud de niños que crecen en la calle.
A esta hora,
exactamente, hay un niño creciendo.
Yo lo veo apretando su
corazón pequeño, mirándonos a todos con sus ojos de
fábula, viene, sube hacia el hombre acumulando cosas, un
relámpago trunco le cruza la mirada, porque nadie protege esa
vida que crece y el amor se ha perdido como un niño en la
calle...
OBRA LITERARIA DE ARMANDO TEJADA GOMEZ 1954 -
Segundo Premio Concurso Literario Municipal de Mendoza, por su obra
PACHAMAMA. Publicado por Editorial "La Avispa", con ilustraciones de
Juan Carlos de La Motta y Enrique 0. Sobisch, en 1955. 1955 -
Premio Juan Carlos D’Accurzio, patrocinado por La Sociedad Mendocina
de Escritores, por TONADAS DE LA PIEL. Prólogo de Jaime Dávalos.
1957 - CAPITAN DEL SUR, inédito. 1958 - Primera edición de
ANTOLOGIA DE JUAN, con ilustraciones de Carlos Alonso. 1958 -
LOS COMPADRES DEL HORIZONTE. Primera recomendación II Concurso
Latinoamericano de literatura "Casa de las Américas", La Habana,
Cuba, 1961. 1963 - AHI VA LUCAS ROMERO, con dibujos de Enrique
Sobisch. 1963 - LUZ DE ENTONCES (inédito). 1967 - TONADAS
PARA USAR. 1968 - PROFETA EN SU TIERRA, antología. Con
ilustraciones de Omar Sobisch. 1971 - AMANECER BAJO LOS PUENTES.
1974 - CANTO POPULAR DE LAS COMIDAS. Premio Poesía Casa de las
Américas, La Habana, Cuba, 1974. 1978 - DIOS ERA OLVIDO, Premio
Internacional de Novela, Bilbao, España. 1979 - HORACIO GUARANY,
biografía. Ediciones Júcar, España. 1984 - Cancionero TODA LA
PIEL DE AMERICA. 1985 - HISTORIA DE TU AUSENCIA. 1986 - BAJO
ESTADO DE SANGRE (1974-1983). 1991 - EL RIO DE LA LEGUA.
1991 - COSAS DE NIÑOS. 1994 - LOS TELARES DEL SOL (póstumo).
Por Alberto
Peyrano http://www.galeon.com/albertopeyrano Publicado
Domingo 3 de Noviembre de 2002
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